Muele una parte durante menos tiempo y retírala. Continúa con el resto, observando el cambio. Coloca las muestras en recipientes identificados para no mezclarlas antes de probar.
Sirve ambas sobre el mismo acompañamiento. Usa cantidades parecidas y describe la diferencia: facilidad para extender, presencia de trozos o forma en que se integra en el bocado.
Escoge la textura según el plato que preparas. No necesitas declarar una ganadora universal; la versión que prefieres en pan puede no ser la adecuada para otro alimento.
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