Escribe la base utilizada y cualquier adición relevante. Si cambiaste el utensilio o el punto de molienda, inclúyelo: esos detalles pueden explicar diferencias que no dependen del sabor.
Describe el resultado antes de olvidar la prueba. En vez de escribir solamente que quedó bien, señala si se extendía con facilidad o si preferirías trozos más pequeños.
Para la próxima preparación, conserva dos elementos y modifica uno. Este método permite aprender de cada intento sin convertir la cocina cotidiana en un procedimiento rígido.
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